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En la práctica estética moderna, los dermocosméticos no son simples complementos: son una extensión directa del criterio clínico del profesional. Por ello, comprender qué diferencia a un producto comercial de uno verdaderamente profesional es clave para garantizar seguridad, resultados consistentes y confianza en cada recomendación.
La calidad comienza en el origen del producto, continúa con la pureza de sus ingredientes y se consolida a través de la estabilidad, la biocompatibilidad y las certificaciones que respaldan su uso. Cuando estos elementos convergen, el dermocosmético deja de ser un accesorio y se convierte en una herramienta clínica confiable.
El origen del producto: la primera prueba de transparencia
En dermocosmética profesional, el origen sí importa. Conocer la procedencia de los ingredientes, los estándares de fabricación y el laboratorio que respalda la fórmula es el primer paso para evaluar su seguridad y eficacia. Los productos de grado médico provienen de laboratorios con trayectoria, investigación continua y presencia internacional. Su desarrollo prioriza ingredientes de alta pureza y procesos diseñados para minimizar riesgos clínicos, especialmente en pieles sensibilizadas o sometidas a procedimientos estéticos.
Laboratorios con estándares internacionales
Los laboratorios que operan bajo certificaciones como ISO 22716 o ISO 9001 garantizan que cada fórmula ha sido desarrollada bajo procesos estrictos, donde la reproducibilidad, la higiene y la consistencia no son negociables. Estas certificaciones permiten al médico estético confiar en que cada lote mantendrá la misma concentración de activos, textura y comportamiento clínico, evitando variaciones que comprometan los resultados.
Control de calidad: el verdadero sello médico
Un dermocosmético profesional es aquel que ha superado pruebas de estabilidad, compatibilidad cutánea, seguridad dermatológica, ensayos microbiológicos y análisis físico-químicos. Este nivel de control asegura que la fórmula se mantenga estable durante todo su ciclo de uso y que el paciente reciba un producto seguro, predecible y clínicamente funcional.
Estabilidad y biocompatibilidad: claves invisibles pero decisivas
Los activos inestables pueden oxidarse o perder eficacia con facilidad. Por ello, las fórmulas profesionales están diseñadas para preservar la integridad de sus componentes y mantener su desempeño a lo largo del tiempo.
La biocompatibilidad es otro pilar fundamental: ingredientes de alta pureza, libres de contaminantes y formulados para integrarse de manera armónica con la piel. Esto reduce el riesgo de reacciones adversas, especialmente en tratamientos combinados como peelings, hilos, láser o bioestimuladores.
El papel del importador: donde la calidad se valida o se pierde
Incluso el mejor producto puede perder su eficacia si no es importado bajo condiciones reguladas. La importación responsable garantiza trazabilidad, almacenamiento adecuado y control documental desde el origen hasta el consultorio. Aquí es donde Lemoshe desempeña un papel esencial para el médico estético en Colombia.
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Lemoshe: trazabilidad, respaldo INVIMA y dermocosmética verdaderamente profesional
En un mercado donde abundan productos sin registro sanitario, importaciones irregulares y fórmulas de baja trazabilidad, Lemoshe se consolida como un aliado confiable para la práctica estética responsable.
Todos nuestros dermocosméticos y dispositivos cuentan con registro sanitario INVIMA, lo que garantiza:
- respaldo legal
- calidad certificada para uso profesional
- trazabilidad completa desde el laboratorio hasta tu práctica
- cumplimiento de normas de almacenamiento, transporte y cadena de frío (cuando aplica)
Además, trabajamos exclusivamente con laboratorios internacionales que cumplen con ISO 22716 y Buenas Prácticas de Manufactura, asegurando pureza, estabilidad y seguridad en cada fórmula.
Para el médico estético, esto significa trabajar con productos que llegan directamente de origen, sin intermediarios riesgosos y sin alteraciones que comprometan la eficacia clínica.
En Lemoshe, la calidad no es un argumento comercial: es un compromiso con la práctica estética, ética y responsable.
Fuentes
- Journal of Cosmetic Dermatology
- International Journal of Pharmaceutics
- ISO 22716: Cosmetics — Good Manufacturing Practices
- FDA – Cosmetic Good Manufacturing Practices
- European Medicines Agency – Quality Guidelines
- American Academy of Dermatology – Guidelines for Product Safety